Tan sólo unos meses antes de la muerte de Isabel Leva, y con motivo de una discusión sobre qué es kinesiología, uno de los pacientes de Isabel, Jimmy Flores, que también es mi marido, nos propuso crear una página web, para un todavía futuro e inexistente centro, con el objeto de difundir la Kinesiología que practicaba y enseñaba mi maestra. Una Kinesiología bastante distinta tanto en filosofía como en ética a las que, en general, se han terminado por utilizar tanto en nuestro país como fuera de él. Mi maestra se ilusionó con el proyecto y dio el visto bueno, me pidió un poco de tiempo para empezar a seleccionar y crear material porque se encontraba débil. Su frase fue: “dame un par de meses Belén y me pongo con ello”.
Aproximadamente un par de meses después Isabel Leva murió, el 18 de mayo de 2009. La página, a la espera del contenido, quedó olvidada por el desorden que provocan algunas muertes, como las de los Maestros.
Yo no volví a pensar en ello, pero a principios de septiembre la página cobró vida a través de lo único que funcionaba, el correo de información, era un paciente que buscaba a Isabel. Otra antigua paciente, que también fue alumna suya, Josefina Mateo, era quien se la había recomendado.
Algo se había empezado a mover, pero todavía quedaban dos momentos clave y un paso decisivo.
El primer momento clave tuvo lugar nada más morir Isabel: su madre y sus hermanas Concha y Cristina me dieron todo el material de Kinesiología de mi maestra. Su generosidad puso en mis manos el principio de una misión, no dejar morir el privilegiado conocimiento de la que fue la mejor Kinesióloga de España.
Gracias a las tres.
Amelia, amiga y paciente de Isabel, la única de sus amigas con la que yo compartí algo más que un rato, se puso en contacto conmigo, fue el segundo momento clave y quien me abrió los ojos. Comentamos lo de la página web, cuyo nombre era Centro Leva y vimos claro las dos que le debíamos a Isabel la valoración y difusión de su Kinesiología. Si mi labor era contar lo que mi maestra me había enseñado, la suya ya había sido impulsar el proyecto, arrancarlo, arrancarme.
Gracias Amelia.
A finales de 2007 Isabel comenzó a dar clases de nuevo; yo asistía a sus clases no sólo por el placer de ir a clase de “magia”, sino porque todavía tenía mucho que aprender de ella y porque ella me pidió que estuviera allí para ayudarla. Todavía no sé en que la ayudaba, pero ella aseguraba que era así. Tras su muerte, sus alumnos Rosa María y Antonio, me pidieron que les siguiera dando clases, este fue un paso decisivo.
Me hicieron ponerme otra vez en el sitio de difundir lo que ella me había enseñado, su particular visión de la Kinesiología. Jamás hubiera dado ese paso sin Rosa María y Antonio; gracias a ellos se abría un espacio de enseñanza y se perfilaba el centro. Y a nivel personal ellos me obligaron a responsabilizarme con mi legado, con la herencia que mi Maestra me dejó. Les debo y les agradezco que me dieran la confianza que yo no me daba.
Gracias Rosa María y Antonio.